Del griego “stolé”, vestido.

Al comienzo se llamaba ‘orarium’ (también ‘mappa’ o ‘sudarium’); pero en Galia, hacia fines del s.VI, se la comenzó a llamar ‘estola’, término que en la época clásica designaba un manto amplio que usaban las matronas.

A partir del s.XII no se utilizó más el término ‘orarium’, sino estola.

Es una tela alrededor del cuello del sacerdote, usada para las celebraciones litúrgicas. La usan los obispos y presbíteros, colgando del cuello hacia delante; y los diáconos, desde un hombro hasta la cintura atravesando en diagonal la espalda y el pecho. Es símbolo de los poderes sagrados que recibe el sacerdote, como pastor que lleva a sus ovejas sobre sus hombros, como maestro que enseña a sus discípulos; como guía que conduce a las almas hacia la vida eterna.

Su longitud, pues, debe ser suficiente para que, pasada por el cuello y cruzada por delante del pecho del Sacerdote, cada extremo, sujetado a ambos costados por el cíngulo, pueda todavía caer, resaltando sobre la blancura del alba.

Espiritualmente, la estola puede recordarnos la dignidad de hijos de Dios que desgraciadamente perdimos por el pecado de Adán y Eva, y así, al ver que el sacerdote, que es nuestro representante ante el Altísimo, lleva la estola puesta, podemos gozosamente contar con que la divina gracia nos devolverá aquella dignidad y herencia que le corresponde, es decir, la eterna Gloria.

La Iglesia hace pedir, al imponérsela el Sacerdote, la inmortalidad, perdida por el pecado, y el premio de nuestro último y feliz destino: “Devuélveme, Señor, la estola de la inmortalidad, que perdí con la prevaricación del primer padre, y aún cuando me acerque, sin ser digno, a celebrar tus sagrados misterios, haz que merezca el gozo sempiterno”.

La estola significa las sogas con que Nuestro Señor fue arrastrado al Calvario.
Es la banda longitudinal, del mismo color que la casulla, y que el sacerdote coloca alrededor de su cuello, cruzándola sobre el pecho y ajustándola con el cíngulo.

Como decoración lo único que se exige es una crucecita en el medio (y que al colocársela queda a la altura del cuello), que el sacerdote besa antes de ponérsela.

Es muy discutido su origen. Para Rohualt de Fleury, Mons. Battifol, Dom Leclerq, etc, fue una especie de bufanda, llamada ‘orarium’. Esta banda o lienzo se llevaba alrededor del cuello y servía para secar la boca (‘os’, en lat.), el sudor y las lágrimas.

b)- Para Wilpert la estola de los diáconos tendría otro origen. Se trataría de la ‘servilleta’ (‘mappa’, ‘mantile’, ‘linteum’) que los diáconos debían utilizar cuando hacían el servicio de la mesa eucarística y agápica.

Al igual que hoy día, en la antigüedad, al servir las mesas, los ‘mozos’ (‘delicati’) llevaban una servilleta (‘mappula’) colgada del brazo o del hombro izquierdo. Y otro tanto hacían los ministros de los servicios paganos (‘camilli’). De allí habría pasado al cristianismo.

c)- Como ornamento eclesiástico el ‘orarium’ o estola se menciona por 1a. vez en el Concilio de Laodicea (s.IV), que prohibe su uso a los subdiáconos y clérigos inferiores (lectores y cantores), y queda entonces establecido como símbolo de la dignidad del diácono (c. 22 y 23).

Por los concilios españoles sabemos que se imponía a los obispos y sacerdotes en su consagración ( ordenación).

Respecto a Roma: los primeros testimonios los encontramos en los Ordines III, V, VIII y IX. Allí, según parece, también los clérigos de órdenes menores, usaban estola.
El ‘orarium’ que se imponía a diáconos y sacerdotes en su ordenación, había estado toda la noche sobre la confesión de San Pedro, para penetrarse de su celo apostólico (O.R. IX)


mayo 6, 2014 / Etiquetas: / Categoría(s): Estola /
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