Se llama mantel en la liturgia, al lienzo que cubre el altar, en señal de respeto a la mesa en la que Cristo nos invita a comulgar: “por reverencia a la celebración del memorial del Señor y al banquete en que se distribuye el Cuerpo y Sangre del Señor, póngase sobre el altar por lo menos un mantel, que, en forma, medida y ornamentación, cuadre bien con la estructura del mismo altar”, lo cual vale también cuando se celebra en otro lugar en que no haya exactamente un altar, sino una mesa.

La razón de esta norma de la Iglesia es que si la Preciosa Sangre se derramase por accidente podría ser absorbida por los manteles antes de llegar a la piedra de altar.

Todos los autores sostienen que es una ofensa grave el celebrar sin un mantel, excepto en caso de grave necesidad, por ejemplo, de ofrecer a los fieles la oportunidad de asistir a la Misa dominical, o de darle el viático a un moribundo.

Suele ser blanco, pero admite adornos o franjas de otro color. (Actualmente dependiendo la diócesis, puede el mantel ser del color litúrgico). Antes se utilizaban tres, pero ahora basta con uno.

No se deja el altar sin mantel, ya que el altar desnudo es un signo distintivo del Viernes Santo. Por eso suele cubrirse con un cubremantel, para mantenerlo limpio en todo momento.

Se debe tener gran cuidado de que estos manteles estén escrupulosamente limpios. Cuando se colocan velas sobre el altar durante la exposición del Santísimo Sacramento, se debe colocar otro paño blanco limpio sobre el mantel (debajo de las velas) para evitar que se manchen o ensucien. Podemos observar aquí que el corporal y la tela encerada no pueden tomar el lugar de los manteles.
Los manteles deben ser bendecido, antes de que puedan ser utilizados para la celebración de la Misa.

Simbolismo:

1. En primer lugar el mantel representa la Santa Síndone. De hecho, el uso del lino fue prescrito por el Papa Silvestre, teniendo en mente la Santa Síndone. Así lo afirma el Lib. Pontif. (1, 171): “Estableció que el sacrificio del altar fuese celebrado, no sobre sedas o tejidos de color, sino sobre tela de lino, que se cosecha de la tierra, de la misma manera que el cuerpo del Señor fue sepultado con un blanco lienzo de lino”

2. Los manteles representan los miembros de Cristo, esto es; a los fieles. Como el altar representa a Cristo, los manteles que están confeccionados con lino representan a los fieles porque el lino debe ser macerado para adquirir blancura, como los fieles deben pasar por diversas tribulaciones para unirse a Cristo en la patria celestial.

Este simbolismo se confirma con el Pontifical Romano. En la ordenación del subdiácono se dice que los cristianos son como vestimentas que recubren y adornan a Cristo.

El celebrar sin necesidad sobre dos manteles, o en uno doblado de tal manera que cubra el altar dos veces, probablemente constituiría un pecado venial (San Ligorio, Lb. VI, n. 375) ya que la rúbrica es prescriptiva.

Historia:

El documento más antiguo que hace referencia a su uso son las “Actas del Santo Tomás” (gnóstico, s.II) Optato Milevitano habla de los manteles como cosa de uso común.

En el s.VIII se colocaban varios manteles para evitar que el vino derramado sobre el altar, cayera fuera del mismo. El número de manteles ha sido diferente según las épocas (de dos a cuatro, y aun más) En el s.XV el Ordo de Bucardo de Estrasburgo señala el número de tres como una costumbre romana.

Desde la Baja Edad Media se acostumbra cubrir el altar con un tapete, cuando no se celebra Misa. No es obligatorio, pero lo fue en muchas diócesis y el Ceremonial de obispos lo suponía (II, c.1, n.13).

Además de los tres manteles hay otro mantel de lino, encerado por un lado, que se llama el chrismale (tela encerada), y con el que debe estar completamente cubierta la mesa del altar consagrado (incluso si parte de ella está hecha de ladrillos u otro material, y no forma parte del altar consagrado) (Caerem. Episc., De altaris consecratione).

Debe ser del tamaño exacto de la mesa del altar, y se coloca debajo de los manteles de lino con el lado encerado vuelto hacia la mesa. Su propósito es no sólo evitar que los manteles se manchen con el aceite usado en la consagración, sino también mantener los manteles secos. Por lo tanto, es aconsejable disponer de tal tela encerada en todos los altares de las iglesias que pueden ser accesibles a la humedad.

De acuerdo con las rúbricas, esta tela se retira una vez al año, es decir, durante la denudación de los altares el Jueves Santo, pero se puede cambiar cada vez que se limpie el altar. La tela encerada no se bendice. No puede tomar el lugar de uno de los tres manteles de lino ordenados por las rúbricas.

Para obtener telas enceradas, se derriten los restos de las velas de cera en un recipiente pequeño. Cuando la cera está en una condición de ebullición, se quitan las impurezas que quedan de los pabilos quemados. Se sumerge en esta cera el lino destinado para la tela encerada, y cuando está bien saturado se cuelga en un tendedero, permitiendo que se escurra el exceso de cera. Cuando la tela de cera se ha endurecido, se coloca entre dos hojas de lino sin cera de dimensiones similares. Se plancha detenidamente con una plancha bien caliente, lo cual produce tres manteles encerados. La tabla en la que se planchan las telas debe estar cubierta con un paño viejo o papel grueso para recibir la cera superflua derretida por la plancha.

Se debe recordar que, cuando se sumerge en cera, el lino sin lavar se encoge considerablemente, por lo tanto, antes de encerar las telas deben ser mayores que la parte superior del altar al cual están destinadas.


mayo 6, 2014 / Etiquetas: / Categoría(s): Mantel de Altar /
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